El descubrimiento de la trisomía 21
Cuando pensamos en investigadores cuya contribución científica quedó eclipsada por la de sus colegas, enseguida vienen a la mente nombres como Rosalind Franklin, cuyas imágenes de difracción de rayos X fueron fundamentales para desvelar la estructura del ADN; Lise Meitner, cuya interpretación teórica de la fisión nuclear quedó fuera del reconocimiento del Premio Nobel concedido a Otto Hahn; o Jocelyn Bell Burnell, descubridora de los púlsares, mientras el Nobel recaía en su director de tesis. Son historias que, por fortuna, cada vez ocupan más espacio en libros, documentales y aulas, y son menos frecuentes en los laboratorios. Sin embargo, existen otros tándems científicos menos conocidos en los que el reconocimiento también acabó inclinándose hacia uno solo de sus protagonistas. Uno de ellos es el formado por los médicos franceses Marthe Gautier y Jérôme Lejeune, cuya colaboración fue decisiva para identificar el origen cromosómico del síndrome de Down, aunque durante décadas la histo...