Hacia la revolución genética
La ciencia rara vez avanza gracias a una única persona Los grandes descubrimientos suelen ser el resultado de preguntas que se cruzan, de conocimientos que se complementan y de personas capaces de reconocer en el trabajo de otras la pieza que faltaba para resolver un problema. A veces, esa colaboración es planificada; otras, surge de un encuentro inesperado. Y, en ocasiones, acaba cambiando para siempre la forma en que entendemos la vida. Es lo que ocurrió con Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier , dos científicas cuyas trayectorias confluyeron para dar lugar a una de las herramientas más revolucionarias de la biología moderna: CRISPR-Cas9 . Paradójicamente, cuando hoy escuchamos las siglas CRISPR solemos pensar en edición genética, terapias innovadoras o incluso en la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias. Sin embargo, la historia comenzó mucho más lejos de los hospitales y mucho más cerca de la curiosidad básica. Como ocurre con frecuencia en la ciencia, nadie est...