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La conexión entre órganos

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La comunicación entre tejidos nos ayuda a entender la enfermedad Cuando estudiamos el cuerpo humano, lo dividimos en órganos y sistemas. Es una forma útil de organizar la información: el hígado cumple funciones específicas, el intestino hace otras, el cerebro tiene sus propias tareas y el sistema inmunitario protege al organismo frente a peligros que reconoce como extraños. Esta forma de entender la anatomía y la fisiología ha permitido grandes avances, pero tiene una limitación: los órganos no funcionan de manera independiente. En realidad, están comunicándose constantemente. En realidad, se están comunicando constantemente entre sí. Esta comunicación puede darse de diversas maneras. Las hormonas, los metabolitos, los neurotransmisores, las citocinas, los ácidos biliares o las vesículas extracelulares son algunas de las señales que permiten que un cambio en un tejido afecte a otro. Por eso cada vez hablamos más de ejes como el intestino-cerebro o el intestino-hígado, y de la comunicac...

Cuando la ciencia está verde

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Nuevas terapias para enseñar al sistema inmune a luchar contra el cáncer Este mes el tema es "verde" y me han venido a la mente cosas que estén verdes. Y aunque lo primero que se me vino a la cabeza fueron experimentos que todavía están dando sus primeros pasos, enseguida pensé en algo que me parece mucho más interesante: tecnologías que ya han demostrado que pueden funcionar, pero que todavía tienen muchísimo camino por recorrer.  En oncología hay varios ejemplos perfectos.  Hoy quiero hablar de tres: vacunas para prevenir algunos tipos de cáncer, vacunas terapéuticas basadas en mRNA y células CAR-T.  Las tres tienen algo en común: intentan aprovechar nuestro propio sistema inmunitario para luchar contra el cáncer. Pero lo hacen de maneras diferentes y, sobre todo, en momentos diferentes.  Porque quizá la gran pregunta no sea solamente cómo matar un tumor.  Quizá sea también cuándo empezar a combatirlo y cómo conseguir que nuestro sistema inmunitario sepa exact...

Hacia la revolución genética

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La ciencia rara vez avanza gracias a una única persona Los grandes descubrimientos suelen ser el resultado de preguntas que se cruzan, de conocimientos que se complementan y de personas capaces de reconocer en el trabajo de otras la pieza que faltaba para resolver un problema. A veces, esa colaboración es planificada; otras, surge de un encuentro inesperado. Y, en ocasiones, acaba cambiando para siempre la forma en que entendemos la vida. Es lo que ocurrió con Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier , dos científicas cuyas trayectorias confluyeron para dar lugar a una de las herramientas más revolucionarias de la biología moderna: CRISPR-Cas9 . Paradójicamente, cuando hoy escuchamos las siglas CRISPR solemos pensar en edición genética, terapias innovadoras o incluso en la posibilidad de corregir enfermedades hereditarias. Sin embargo, la historia comenzó mucho más lejos de los hospitales y mucho más cerca de la curiosidad básica. Como ocurre con frecuencia en la ciencia, nadie est...

El descubrimiento de la trisomía 21

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Cuando pensamos en investigadores cuya contribución científica quedó eclipsada por la de sus colegas, enseguida vienen a la mente nombres como Rosalind Franklin, cuyas imágenes de difracción de rayos X fueron fundamentales para desvelar la estructura del ADN; Lise Meitner, cuya interpretación teórica de la fisión nuclear quedó fuera del reconocimiento del Premio Nobel concedido a Otto Hahn; o Jocelyn Bell Burnell, descubridora de los púlsares, mientras el Nobel recaía en su director de tesis. Son historias que, por fortuna, cada vez ocupan más espacio en libros, documentales y aulas, y son menos frecuentes en los laboratorios. Sin embargo, existen otros tándems científicos menos conocidos en los que el reconocimiento también acabó inclinándose hacia uno solo de sus protagonistas. Uno de ellos es el formado por los médicos franceses Marthe Gautier y Jérôme Lejeune, cuya colaboración fue decisiva para identificar el origen cromosómico del síndrome de Down, aunque durante décadas la histo...

Modelos imperfectos

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En 2012, una estudiante de primaria llamada Clara Lazen construyó accidentalmente una molécula que nadie había descrito antes. No estaba en un laboratorio rodeada de matraces ni utilizando sofisticados instrumentos científicos. Lo hizo en su aula, conectando bolas y varillas que representaban átomos y enlaces químicos. Aquella estructura llamó la atención de su profesor y, tras ser analizada por químicos profesionales, se comprobó que correspondía a un compuesto hipotético viable, bautizado posteriormente como tetranitratoxicarbono. La historia resulta interesante por muchos motivos, pero especialmente porque ilustra una de las herramientas más importantes de la ciencia: los modelos. Las bolas y varillas que utilizó Clara no eran átomos reales. Eran una representación simplificada de la realidad que permitía visualizar algo invisible a nuestros ojos. La ciencia está llena de modelos. Algunos son tan sencillos como aquellos utilizados en una clase de química. Otros son tan complejos c...

La paradoja evolutiva de la enfermedad

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Cuando la enfermedad protege Durante gran parte de la historia humana, la principal amenaza para la supervivencia no ha sido el envejecimiento ni las enfermedades crónicas, sino las infecciones. Mucho antes del desarrollo de la medicina moderna, epidemias recurrentes de patógenos como la viruela, la peste o la malaria actuaban como fuerzas selectivas implacables. No solo determinaban quién sobrevivía, sino también qué variantes genéticas persistían en la población. Hoy sabemos que ese proceso ha dejado una huella profunda en nuestro genoma. Muchas de las diferencias genéticas entre individuos no son aleatorias: son el resultado de siglos (o milenios) de adaptación a enfermedades infecciosas. Sin embargo, esta historia evolutiva contiene una paradoja fundamental. Algunas de las mutaciones que aumentan el riesgo de enfermedad en la actualidad se han mantenido precisamente porque, en otro contexto, resultaron beneficiosas. Este fenómeno desafía una intuición básica: que la evolución elimi...